domingo, 25 de febrero de 2007

Alma, Paloma y la guerra

Paloma, tiene dos pozos misteriosos en su rostro



¿Por qué no sabes volar?
y te pintas delgada
en boca de otros hombres,
anudando tu historia a la mierda,
dejando a la ternura sin ojos,
a la belleza sin tu recuerdo,
a la justicia sin tu atardecer.



¿Por qué no sabes volar?
y mientes en presencia de temores
y te engañas con voz deforme,
hasta que el verano
se canse de esperar tu afecto
y los jardines del mundo
no basten para contener tu pena.


¿Y si volaras como el aroma transparente de mis sueños?,
bajo el amparo de una mínima esperanza,
allí en el mar que era de otros
y que ahora es nuestro.


Y aunque nunca vueles,
mi princesa,
siempre habrá tiempo
para mojar tu rostro de cielo,
visitar aquel diciembre,
bendecir tu cuerpo.

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Hoy, debería escribir sobre la guerra o
sobre los mapuches impetuosos
que gastan su libertad en nuestra cárceles.

Sin embargo, vuelvo a vertir un poema sobre mujeres,
sobre Alma, aquella flaca bellísima
de tripitas tronadoras,
que tan feliz me hizo
y que tanta desdicha me costó.

Paloma Baytelman
es la responsable
de detonar en mi esas evocaciones,
ese aroma,
ese murmullo de simpatía
que siempre regresa
con su recuerdo.

Para no borrarme por completo de "este viaje",
consigno también este poema, que proviene de
la guerra.





Amanece y las bombas siguen cayendo,
sus luces de colores trazan
el rostro del firmamento
con figuras que parecen
árboles
estampidas de genios,
olas gigantescas del mar.

Los ojos de los niños
están llenos de muerte
y mi mente quisiera estar
en otra tierra,
aunque abunde la pereza
y se siembre entre las almas
la religión de la tristeza.

Es verano en el mediterráneo
y las bombas preguntan
por mi nombre,
ahora que aprendí
a llamarme Gonzalo,
Alí,
Cártago, Jacob o
Baltazar.

En el rincón,
la carne de un hombre
se pudre,
sus padres lloran
con la profundidad
de un abismo.

Es tan grande
la impotencia,
ni siquiera
el sol,
se atreve a mirar.

La verdad
ya no tiene
Patria,
ni bando,
ni bandera.

La verdad
nunca tuvo
Dios.

1 comentario:

in.tuyo dijo...

Si bien yo no soy tan grande como el verano, duraré más tiempo, para poder volar con ella. Y es que le tengo empírica a sus alas, pues la he ido mirando y sintiendo volar y mi creencia con ella no es religiosa ni científica, si no que su nombre se ha ido haciendo mi bandera y la he ido sintiendo como patria, o más bien matria.